Una contribución a la caracterización del
movimiento de las mujeres y nuestras tareas.
El segundo paro del 8
de Marzo, internacional nos sitúa frente a un nuevo movimiento mundial,
histórico, de las mujeres por sus derechos. Lo hemos periodizarlo como el
tercero. El primero habría sido, como bien señalan nuestros documentos
anteriores sobre el tema, por los derechos democráticos, como el sufragio,
protagonizado por las mujeres de clase media y burguesas por un lado y por
otro, por reformas sociales: condiciones de trabajo, salario igualitario,
vivienda, y también por el sufragio de las mujeres trabajadoras a principios de
siglo XX. Este movimiento tuvo carácter internacional, vinculado incluso a la
existencia también de un movimiento obrero internacionalista. No casualmente el
8 de marzo, como día internacional de las mujeres trabajadoras, se votó en un
congreso mundial de mujeres de la II Internacional a moción de marxistas
feministas de la talla de Clara Zetkin.
La incorporación masiva
de la mujer al mundo del trabajo, fuera de la esfera doméstica durante el siglo
XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial creó bases materiales
para que este movimiento se profundice y radicalice. El segundo se dio en la
década del 60 – 70 protagonizada por un movimiento policlasista,
fundamentalmente en los países imperialistas, EEUU y Europa, centrado en el
reclamo de derechos a la libertad sexual de las mujeres, la legalización del
aborto y el uso de pastillas anticonceptivas. Estuvo vinculado a dos hechos,
uno científico: el desarrollo de la pastilla anticonceptiva que sentó bases
materiales para una mayor libertad sexual de las mujeres. Otro político, la
radicalización del movimiento estudiantil en esos países y en particular, la
lucha contra la guerra de Vietnam en EEUU.
Este tercer movimiento
retoma el carácter internacionalista del primero, pero es mucho más extendido y
profundo. Extendido, porque abarca alrededor de 70 países, tanto imperialistas
como dependientes o semicoloniales, favorecido también por un avance
tecnológico que es la existencia de internet y las redes sociales que facilitan
la comunicación. Más profundo porque se desarrolla en una época de crisis y
decadencia del capitalismo imperialista que precariza la vida de los
trabajadores y pueblos del mundo, lo que lo ha vuelto anticapitalista desde sus
inicios. La declaración de las feministas norteamericanas en Enero de 2018,
definiendo al movimiento de ese país como el del 99% contra el 1% que detenta
el poder económico y político, dan la pauta de este carácter desde su inicio.
Otro aspecto de ese carácter es el hecho que toma un método de lucha de la
clase trabajadora para el 8 de marzo: el paro.
En nuestro país, esta
objetiva dinámica que entronca la lucha feminista a la de la clase trabajadora
contra el ajuste, se expresó en que la cabecera de la columna del 8M esta vez estuvo
representada por las mujeres despedidas y en lucha por salarios, educación y
salud. Sin lugar a dudas, también en el documento consensuado y leído en el
palco de cierre de la marcha: un documento que plantea no solo un programa para
la igualdad de la mujer, sino que se declara anticapitalista e
internacionalista. Este triunfo, de una política de clase dentro del movimiento
de mujeres, se debe no solo a factores objetivos sino al peso de corrientes de
izquierda, y en particular de nuestro partido en ese movimiento.
La cuestión del programa y la dirección
Otra característica de
este tercer movimiento es que es expresión de la crisis de dirección más aguda
del movimiento obrero en general y de las mujeres trabajadoras en particular.
No existen organizaciones internacionales que lo conduzcan, como fue el primero.
Se organiza por redes sociales entre personas y organizaciones que no se
conocen y nunca se reunieron, alrededor de una fecha histórica y un programa
general “de hecho”, que en cada país adopta un eje reivindicativo que moviliza:
contra la discriminación salarial en Islandia, contra la prohibición del aborto
en Polonia, Ni una menos en Argentina y ahora el aborto, etc. En nuestro país,
sin embargo, ha empezado a gestar un tipo de organización de mujeres que
tampoco tiene aún una dirección definida, pero existen espacio de coordinación
de actividades y un borrador de programa que se va definiendo en su curso. Tal es el caso de las asambleas de
preparación del propio 8 M que nuclearon a centenas de mujeres durante casi dos
meses marcando un salto en la organización del mismo o la existencia de 32
Encuentros nacionales de mujeres, un caso único en el mundo.
La lucha contra la violencia de género
Un aspecto programático
nuevo que ha adoptado este movimiento, en relación a los anteriores, es la
lucha contra la violencia de género. Ninguno de los movimientos anteriores
había puesto atención a este aspecto de la opresión de las mujeres en la que se
asienta el carácter patriarcal del sistema capitalista. La puesta en escena de
este aspecto de alienación de las relaciones humanas en esta etapa de
decadencia del capitalismo tiene dos explicaciones. La primera, y central, es
la agudización de la precarización de la vida cotidiana, ya señalada, que ha
acentuado el carácter violento en que se apoyan las relaciones de poder, no
solo en los lugares de trabajo y la sociedad, sino aún en la vida familiar,
reforzando la violencia contra las mujeres y los niños, los más débiles en las
relaciones humanas. La desocupación, los bajos salarios, la vejez sin
protección social, ponen en crisis el mandato masculino de sostén de la
familia. A su vez, las dificultades para canalizar la bronca contra el sistema,
debido a la crisis de dirección del movimiento de masas, producen un efecto
destructivo de las relaciones humanas que se expresa en mayor violencia, contra
las mujeres y los niños, y en menor medida entre los hombres mismos.
Dramáticamente, los porcentajes mayores de femicidios, violaciones, etc, se dan
en el ámbito familiar. La segunda, y relacionada con la anterior, es el
fortalecimiento de las mujeres en su lucha por la igualdad de derechos, que
pone en crisis los mandatos patriarcales del hombre, sin por ahora lograr su
derrota, agudizando este círculo de violencia. Las mujeres se divorcian, salen
a trabajar, sostienen hogares, ejercen derecho a elegir sobre sus cuerpos, o
reclaman el sostén de hijos cuya paternidad vía el acceso al reconocimiento por
ADN ya no se puede negar, hacen uso de derechos jurídicos adquiridos respecto
de la propiedad de bienes comunes, etc. La masculinidad se vuelve una carga
para el hombre también. Aunque de efectos distintos. Como señala la escritora
Atwood, “los hombres temen que se rían de ellos, las mujeres que las maten”.
El surgimiento de una vanguardia amplia antipatriarcalista
El peso de la izquierda en el movimiento de mujeres ha contribuido a que
el programa que levantó este movimiento, por ejemplo, en el documento del 8 de
marzo enmarcara claramente la lucha de las mujeres dentro de la lucha global
del movimiento de trabajadores contra el gobierno, el estado y la iglesia, a
pesar que el movimiento sindical no tuvo un peso destacado.
Existe sin embargo una
parte de esa vanguardia juvenil, especialmente preocupada por cuestiones de la
lucha contra todas las formas de violencia de género que tiene una
particularidad. Por momentos y por sectores, genera la dinámica de
enfrentamiento entre los géneros, desdibujando la responsabilidad del estado,
los gobiernos y del propio capitalismo como sistema que sustenta y promueve
esas relaciones de violencia para centrarlo en una batalla de mujeres contra
hombres machistas. Expresión de esta dinámica es el surgimiento de decenas de
pequeños grupos de mujeres que se organizan alrededor de la lucha contra un
aspecto particular de las formas de violencia contra la mujer: los femicidios,
los piropos, el abuso infantil, la violencia obstétrica, el acoso laboral, las
abolicionistas de la prostitución, las defensoras del trabajo sexual, contra la
discriminación de las trans, lesbianas y gays, etc. La falta de un programa y
una dirección revolucionaria del movimiento de mujeres, genera que esta
vanguardia de mujeres, altamente progresiva, no tenga asumido un programa de
reclamos claros contra el gobierno y el estado, aunque lo denuncie en general
en sus cánticos. Esto se expresa en la dificultad para destacar iniciativas,
por ejemplo, de exigencia a los gobiernos de jardines de infantes para las
madres trabajadoras, o presupuesto para la ley 26485. Su eje es la caída del
patriarcado o Ni una menos, como consignas abstractas y en los hechos organizan
luchas alrededor de esos micro reclamos contra la violencia de género, incluso
la persecución o escrache público a varones violentos. La lucha por el derecho
al aborto es, por ahora, casi el único reclamo que tiene la particularidad, y
ventaja, de unificar al movimiento de mujeres en una exigencia concreta al
gobierno y al congreso.
Generalmente son grupos
sin definiciones programáticas estratégicas. Si bien algunas tienen vasos
comunicantes con corrientes frente populistas, no son correas de trasmisión
directas, no forman parte de sus estructuras. Buena parte de ellas simpatizan
con el anarquismo, son anti partido, algunas votan a la izquierda. Se trata de
una vanguardia que se plantea la lucha anti patriarcal en términos de batalla
cultural contra el machismo, de denuncia de conductas violentas, incluso
individuales, apelando a acciones también culturales, al método del escrache
individual o a las demandas judiciales buscando la punición penal de la
justicia burguesa. Carecen de una estrategia de clase para encarar la lucha
contra el patriarcado como una forma de dominación del capitalismo.
Estamos frente a un sector de vanguardia nueva,
con el que debemos abrir un diálogo para ganarlo a nuestro programa
revolucionario, dando una fuerte batalla contra su falta de estrategia de clase
para la lucha anti patriarcal. Pero,
además, siendo conscientes de que, por tratarse de la violencia de género que
también atraviesa nuestro partido y la vida personal de muchas compañeras, su
dinámica ejerce influencia sobre nuestro partido, motivo por el cual, tenemos
que redoblar el esfuerzo por caracterizar y orientar correctamente nuestro
accionar.
El anti patriarcalismo,
sin una estrategia de clase, conduce, inevitablemente, a frustraciones y
derrotas. Las y los revolucionarios tenemos que dar batallas contra las falsas
ilusiones de las masas y también de las vanguardias. Recordamos que con la
caída de la dictadura dimos una fuerte batalla contra casi todas las corrientes
de izquierda que levantaban Aparición con vida de los desaparecidos. Nosotros
decíamos Investigación y castigo a los culpables. Esa batalla contra la falsa
ilusión de la vanguardia era necesaria justamente para que el movimiento de los
derechos humanos no cayera en un callejón sin salida que frustrara la lucha. Y
no fue fácil.
La consigna Fuera
machos o El patriarcado va a caer, el feminismo va a vencer, casi como una
estrategia del feminismo es alimentar una opción falsa de poder.. Zetkin, en
ocasión del Congreso de la Internacional Comunista en 1920 señalaba dos
condiciones indispensables para la derrota de la opresión de la mujer: la
abolición de la propiedad privada de los medios de
producción y su sustitución por la propiedad social, y la inserción de la
actividad de la mujer en la producción de bienes sociales dentro de un sistema
en el que no existan ni la explotación ni la opresión.[Reynaldo 1] Esto no significa no combatir las formas cotidianas de violencia de
género, sobre todo en los casos extremos de peligro de vida de las mujeres,
como el caso de violadores, pederastas o femicidas, incluso apelar a acciones
punitivas. La lucha contra toda forma de violencia de género, en sus
innumerables expresiones y escalas, sin embargo, debe ser una lucha paciente,
por recomponer relaciones humanas, y sabiendo que, sin embargo, su derrota
definitiva no es sino parte de la lucha por la derrota del capitalismo que usa
y sostiene las relaciones patriarcales como forma de dominación.
Nuestra batalla debe
ser para señalar que la lucha por los derechos de la mujer, las diversidades
sexuales, y los derechos de los niños, los mayores oprimidos de la sociedad
capitalista según Moreno, en particular contra la violencia, así como la lucha
contra el racismo, o la destrucción
ambiental, son reclamos sectoriales que los y las revolucionarias debemos
encausar hacia la única estrategia válida: la construcción del partido
revolucionario y la toma del poder del estado por la clase obrera para
construir el socialismo. No hay una estrategia de poder anti patriarcal que se
adiciona a la socialista. La estrategia es una sola. Y es socialista.
Finalmente, recordar con Zetkin, en
el texto antes mencionado que “El comunismo, el gran emancipador del
sexo femenino, no puede ser solamente el resultado de la lucha común de las
mujeres de todas las clases por la reforma del sistema burgués en la dirección
indicada por las reivindicaciones feministas, no puede ser solamente el
resultado de una lucha contra la posición social privilegiada del sexo
masculino. El comunismo sólo y únicamente puede ser realizado mediante la lucha
común de las mujeres y hombres del proletariado explotado contra los
privilegios, el poder de los hombres y mujeres de las clases poseedoras y
explotadoras.”
Laura Marrone
9 de marzo de 2018
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