domingo, 19 de abril de 2026

LA CTERA DE HOY NO ES LA DE AYER

 

Laura Marrone*

La Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, fundada en septiembre de 1973, fue la más grande organización sindical de la docencia argentina.  Afirmamos que, sin embargo, 52 años después ha dejado de ser lo que fue, tanto por la política que ha defendido y defiende, por su accionar cotidiano, como por su funcionamiento interno.

En su congreso fundacional CTERA tuvo la participación de más de 95 organizaciones de diferentes ramas de la enseñanza y de la mayoría de las provincias que representaban al 28% de la docencia:  123.000 afiliados sobre una población total de 430.000 docentes. Surgía como expresión del ascenso obrero, popular y estudiantil post Cordobazo del que la docencia fue parte. Democrática, principista y combativa.[1]

Su declaración de principios, en sus artículos 1 y 2 defendía que el derecho a la educación de toda la población debía ser garantizado de modo imprescriptible e indelegable por el estado. Proponía una educación común, única, científica, no dogmática, coeducativa y asistencial. Era un proyecto educativo estatal, contrario a la educación privada, aunque defendía a los trabajadores privados, Se proponía una educación que no fuera mera trasmisora de conocimientos y reproductora del orden existente y en cambio que promoviera una sociedad más justa y democrática, que rompiera lazos de dependencia con potencias extranjeras. Así mismo, defendía el Estatuto docente conquistado en 1952, con su régimen de carrera docente mediante concursos públicos y estabilidad laboral, lo que garantizaba la independencia de la docencia respecto de los gobiernos de turno, y la libertad de cátedra[2]

CTERA también adoptó para su funcionamiento interno un estatuto que fue modelo de democracia sindical entonces, a contraposición de la ley de asociaciones profesionales vigente que imponía regímenes verticalistas y burocráticos.  Establecía un régimen de conducción representativo por sistema D´Hont de las listas presentadas a elecciones que garantizaba la pluralidad en la conducción nacional.  Ordenaba un cuerpo de organismos como el Confederal y los Congresos nacionales que garantizaba que las decisiones de política gremial, las convocatorias a luchas, así como las negociaciones con los gobiernos se hacían con previa consulta a las bases de cada provincia, quienes con su voto decidían. [3]

La conducción que surgió de sus primeros congresos hasta el golpe de 1976 fue, en consecuencia, pluralista, con fuerte peso de los sectores herederos de la tradición de la Ley 1420, y de la rama laicista de la lucha de 1958 conocida como la Laica o la Libre.

A partir de la derrota de la última larga huelga nacional en 1988, conocida como El Maestrazo, [4] ganó la conducción de CTERA la Lista Celeste, peronista, quien pasó a preparar el terreno para un cambio radical de la confederación y así cogobernar con el gobierno de Menem que ascendió luego de la derrota del radicalismo. La primera medida fue la destrucción del estatuto interno.  La conducción dejó de ser pluralista por sistema D´hont, desaparecieron los confederales y la conducción nacional pasó a tener poderes plenos de decisión, diluyéndose el mandato de las bases. La democracia sindical se fue desvaneciendo.

El nuevo estatuto impuso la reestructuración de las entidades de base que debieron unificarse por provincia en sindicatos únicos. Resultado de este proceso de concentración CTERA cuenta actualmente con 24 entidades, aunque continúa siendo la organización más numerosa de la docencia. No obstante, ha disminuido el porcentaje de afiliados sobre el total: 16%, que representan a 234.000 afiliados aproximados sobre una población docente estimada en 1.423.000 [5] Esta disminución porcentual se dio a contramano del crecimiento de la población docente que acompañó el crecimiento demográfico de la población, así como de la ampliación del sistema educativo con más niveles obligatorios del sistema formal (inicial hasta 4 años y media obligatoria hasta 5 años), y de modalidades (especial, adultos, técnico-profesional, rural, domiciliaria, entre otras).

Las causas de este debilitamiento de la afiliación sindical deben rastrearse en el proceso más general de desafectación de los trabajadores de los sindicatos en las últimas décadas debido a las políticas que los mismos han desarrollado de mayor convivencia con los gobiernos de turno e integración a los aparatos de estado. En el caso de CTERA se sumó el hecho que algunas entidades fundadoras se alejaron (FEB), y fueron expulsadas otras (6 entidades de provincia de Bs As que no aceptaron disolverse en SUTEBA en los 80 debido a diferencias de política gremial y de metodología de funcionamiento).[6]

A partir del ascenso del peronismo en 1989 la conducción Celeste de CTERA pasó a cogobernar aceptando las leyes neoliberales impuestas por el gobierno de Menem: La ley 24049/1991 de Transferencias de escuelas y la ley 24195/1993 Federal de educación. Sus diputados la votaron en el Congreso. No las denunciaron ni las resistieron.

El rediseño del sistema educativo nacional mediante la transferencia de escuelas desde 1978 en el nivel primario durante la dictadura y del nivel medio y terciario en 1991 fue una imposición del Banco mundial y del FMI, que condujo a la fragmentación del sistema educativo, a la desigualdad en la inversión por estudiante y al deterioro de las condiciones laborales y salariales de la docencia. Las diferencias salariales entre las provincias llegaron a una relación de 1 a 4, según los recursos de cada una de ellas.  El Plan Brady que lo promovió tenía por objetivo deslindar al estado nacional del financiamiento de la educación para liberar fondos para el pago de la deuda externa. [7]

Frente a estos cambios en el estado, CTERA fue perdiendo el peso como referente en la política nacional que había tenido en la década del 70 previo a la dictadura militar de 1976 y durante el gobierno radical post dictadura. Dejó de ser el organizador nacional de la docencia y pasaron las entidades provinciales a ser quienes negociaban salarios y condiciones laborales. La lista Celeste no fue una conducción que contrarrestara este plan con una oposición y resistencia. No unificó los conflictos provinciales, que se desangraron, algunos durante meses.  La desigualdad de inversión por estudiante cristalizó una clara diferencia en el derecho al acceso la educación del estudiantado según cada jurisdicción.

La evidencia de este deterioro llevó a la conducción celeste a intentar algunos paliativos.  Reclamó con 1003 días de ayuno en la Carpa Blanca (1997-1999), mostrada como modelo de acción sin paros, una ley por la que establecía un impuesto al auto para  recuperar el presupuesto educativo que la transferencia había quitado. Curiosamente, en lugar de pedir un impuesto a los grandes monopolios o al no pago de la deuda externa, CTERA propuso que lo fuera a partir de recaudar entre los propios trabajadores que sufrían entonces un fuerte deterioro salarial. El impuesto sería repartido a modo de Incentivo docente al desempeño, siguiendo sugerencias de los organismos internacionales, en una especie de premio a la productividad y adelanto a las políticas de evaluación externa docente que empezaría a implementar la gestión Filmus desde el Ministerio de educación.

La crisis salarial y presupuestaria era tan grande que no pudo implementarse según alguna forma de medición del desempeño, sino que tuvo que repartirse a toda la docencia como forma de atender al desastre salarial de la transferencia. Pero, además, la crisis social de las familias trabajadoras por las políticas neoliberales de Menem, llevaron a que terminara cayendo el impuesto al auto, y años más tarde el incentivo se pagara con fondos del presupuesto nacional. Finalmente, Milei lo anuló en 2024.

CTERA continuó cogobernando con los gobiernos posteriores. Durante la presidencia de Néstor Kirchner se sancionó otro paquete de leyes que, sin embargo, no cambiaron la estructura central del diseño anterior. La conducción celeste de CTERA las apoyó. [8]La ley 26075/2005 de Financiamiento estableció la meta de un presupuesto consolidado nacional para educación del 6% del PBI para el 2010 al que nunca se llegó. Este porcentaje no sería responsabilidad del estado nacional, sino que continuaría siendo mayoritariamente de las provincias. El presupuesto nacional solo financiaría las universidades, algunos programas y el ya mencionado Incentivo docente. [9]

Como mecanismo compensatorio a la desigualdad reinante, CTERA logró que el presidente Kirchner aceptara la convocatoria a una paritaria nacional que fijaría un piso salarial al que deberían luego llegar las provincias. La realidad es que ese piso siempre fue tan bajo que no sacó a la docencia de la pobreza y además, muchas provincias llegaban a él por negociaciones propias antes de la mencionada paritaria

Otro aspecto muy importante de la pérdida del perfil de la CTERA fundacional refiere a la cuestión de la educación. Como mencionamos al inicio, la Declaración de principios de 1973 estableció claramente la defensa de la escuela pública, estatal, y contraria a la educación privada. Este principio también fue abandonado por la lista celeste. Las leyes educativas que apoyó tanto la Federal de Menem como la Nacional de Kirchner inventaron una nueva categoría: las escuelas pasaron todas a ser públicas, pero de diferentes gestiones: estatales y privadas. Se estableció el compromiso del estado nacional de subsidiarlas[10]. La Ley de 26206/2006 impulsada por Kirchner y su ministro de Educación Daniel Filmus, avanzó aún más: en su artículo 4 referido al sistema educativo agregó la categoría de escuelas de gestión social y cooperativa, variantes que el estado también se comprometería a financiar, en un alarmante aumento de la fragmentación del sistema educativo. [11]La celeste apoyó ambas leyes.

Pero ahí no termina la pérdida de principios. La Declaración de principios de 1973 proponía una educación científica y no dogmática. Esto era una clara referencia a que la religión no debía ser parte de la currícula escolar, recuperando la tradición impuesta por la Ley 1420/1884. El proyecto de ley inicial propuesto a debate en las escuelas por Kirchner-Filmus incluía en el artículo 11 sobre los fines de la educación “la dimensión religiosa como parte del desarrollo de las personas”. El debate abierto en las escuelas cuestionó este punto, a pesar del silencio de CTERA. La redacción final fue una operación de consenso con el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) que admitió su reemplazo por la ambigua denominación de “educación integral” que abría a su interpretación posterior. El resultado fue recogido por algunas leyes provinciales y por la Constitución de la provincia de Salta que incluyeron la enseñanza de religión católica en las escuelas estatales. Un siglo y medio después, Estrada pretendía vencer a Sarmiento de la mano de Filmus y la Celeste de CTERA. Pero la lucha de familias de escuelas públicas de Salta logró que la Corte Suprema de Justicia emitiera un fallo que la prohibió. La enseñanza de religión en la escuela pública sigue sin estar permitida.[12]

Junto a estos cambios avanzó la instalación de contratos de docentes con el crecimiento de cargos docentes que no se concursaban y cuyos docentes, precarizados, entraban por acuerdos con autoridades internas a las escuelas o gubernamentales.  La lista celeste nacional y la mayoría de las conducciones provinciales, tampoco los combatieron, incluso los aprovecharon para crear poder clientelar entre los ingresantes. Esto abrió la puerta a un creciente número de docentes que están por fuera del Estatuto Docente y a que se naturalice el debilitamiento del régimen de concurso, aunque a la fecha no hayan logrado derrotarlo.

El gobierno de Milei y la ultra derecha en la actualidad están desarrollando una política aún más agresiva de destrucción de la escuela y de la educación pública. No solo atacan por medio del ajuste del presupuesto, de los salarios, de la inversión en infraestructura, y continúan la intención de liquidar el estatuto del docente. Han aumentado la privatización del sistema con la instalación de los vouchers que se suman a los existentes subsidios a la oferta de las escuelas privadas.  Ahora también el estado subsidia la demanda de las familias para favorecer la migración a la escuela privada.[13] Esperamos la voz condenatoria de CTERA. 

Pero, además, Milei ha desatado una furiosa campaña contra el pensamiento crítico y la currícula escolar que defienda derechos sociales, de género, ambientales, entre otros. Pretende sumar la escuela a la batalla cultural de la ultraderecha a nivel mundial atacando a la docencia con denuncias y alentando delaciones por parte de las familias.[14] Escandalizada, la conducción de CTERA ha realizado algunas declaraciones. Pero la ofensiva es brutal. No alcanza. Hay que preparar la defensa de la escuela y la educación pública en unidad con familias y estudiantes. Está en juego la subjetividad de las generaciones futuras, para que no caigan en el individualismo, el racismo, la falta de conciencia social.

Cuando azorados miramos lo que ocurre en Gaza donde jóvenes matan a miles y hambrean sin remordimiento a dos millones de personas sepamos que su racismo, su supremacismo, su desconocimiento de la humanidad del otro se gestó décadas antes, centralmente en las escuelas donde el estado sionista moldeó la juventud que hoy comete genocidio.[15]. No hay tiempo que perder. Junto a los sindicatos multicolores y combativos convoquemos a un gran Congreso de educación que recupere los principios fundacionales de CTERA y más. Recuperémosla para una educación por una sociedad emancipada de toda forma de explotación y opresión, para las generaciones presentes y futuras.

Bs As, 21 de julio

Este trabajo fue presentado en el Seminario de la Red ASPE realizada en Ciudad de Buenos Aires, octubre de 2025

Licenciada en Ciencias de la educación

Docente de nivel primario y superior (jubilada)

Ex Vicepresidente de UMP-CTERA. Ex Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys

Ex Legisladora de CABA por Izquierda Socialista en el FITU

 



[2] Idem, pág.133

[3] Idem, pág 138

[5] Las cifras de 1973 son tomadas de actas del Congreso de CTERA de Huerta Grande y del Ministerio de Educación. Las de 2024 corresponden a Argentinos por la Educación y al Ministerio de Educación.

[7] Curiosamente en su reciente defensa del proyecto “Imaginar y transformar” para educación de su corriente, presentado el22 de marzo en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Cristina Kirchner reconoció que estas transferencias y rediseño del estado nacional obedecieron a un plan de los organismos internacionales para pagar la deuda en detrimento del derecho a la educación, a la salud, entre otros. Lo que olvidó decir es que su gobierno y el de su esposo lo aprobaron. No hubo autocrítica. https://lauramarrone.ar/acerca-de-la-educacion-cristina-sin-tapujos/

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