Laura
Marrone*
La Confederación de Trabajadores de
la Educación de la República Argentina, fundada en septiembre de 1973, fue la
más grande organización sindical de la docencia argentina. Afirmamos que, sin embargo, 52 años después
ha dejado de ser lo que fue, tanto por la política que ha defendido y defiende,
por su accionar cotidiano, como por su funcionamiento interno.
En su congreso fundacional CTERA
tuvo la participación de más de 95 organizaciones de diferentes ramas de la
enseñanza y de la mayoría de las provincias que representaban al 28% de la
docencia: 123.000 afiliados sobre una
población total de 430.000 docentes. Surgía como expresión del ascenso obrero,
popular y estudiantil post Cordobazo del que la docencia fue parte.
Democrática, principista y combativa.[1]
Su declaración de principios, en sus
artículos 1 y 2 defendía que el derecho a la educación de toda la población
debía ser garantizado de modo imprescriptible e indelegable por el estado.
Proponía una educación común, única, científica, no dogmática, coeducativa y
asistencial. Era un proyecto educativo estatal, contrario a la educación
privada, aunque defendía a los trabajadores privados, Se proponía una educación
que no fuera mera trasmisora de conocimientos y reproductora del orden
existente y en cambio que promoviera una sociedad más justa y democrática, que
rompiera lazos de dependencia con potencias extranjeras. Así mismo, defendía el
Estatuto docente conquistado en 1952, con su régimen de carrera docente
mediante concursos públicos y estabilidad laboral, lo que garantizaba la
independencia de la docencia respecto de los gobiernos de turno, y la libertad
de cátedra[2]
CTERA también adoptó para su
funcionamiento interno un estatuto que fue modelo de democracia sindical
entonces, a contraposición de la ley de asociaciones profesionales vigente que
imponía regímenes verticalistas y burocráticos.
Establecía un régimen de conducción representativo por sistema D´Hont de
las listas presentadas a elecciones que garantizaba la pluralidad en la
conducción nacional. Ordenaba un cuerpo
de organismos como el Confederal y los Congresos nacionales que garantizaba que
las decisiones de política gremial, las convocatorias a luchas, así como las
negociaciones con los gobiernos se hacían con previa consulta a las bases de
cada provincia, quienes con su voto decidían. [3]
La conducción que surgió de sus
primeros congresos hasta el golpe de 1976 fue, en consecuencia, pluralista, con
fuerte peso de los sectores herederos de la tradición de la Ley 1420, y de la
rama laicista de la lucha de 1958 conocida como la Laica o la Libre.
A partir de la derrota de la última
larga huelga nacional en 1988, conocida como El Maestrazo, [4] ganó la
conducción de CTERA la Lista Celeste, peronista, quien pasó a preparar el
terreno para un cambio radical de la confederación y así cogobernar con el
gobierno de Menem que ascendió luego de la derrota del radicalismo. La primera
medida fue la destrucción del estatuto interno.
La conducción dejó de ser pluralista por sistema D´hont, desaparecieron
los confederales y la conducción nacional pasó a tener poderes plenos de
decisión, diluyéndose el mandato de las bases. La democracia sindical se fue
desvaneciendo.
El nuevo estatuto impuso la
reestructuración de las entidades de base que debieron unificarse por provincia
en sindicatos únicos. Resultado de este proceso de concentración CTERA cuenta
actualmente con 24 entidades, aunque continúa siendo la organización más
numerosa de la docencia. No obstante, ha disminuido el porcentaje de afiliados
sobre el total: 16%, que representan a 234.000 afiliados aproximados sobre una
población docente estimada en 1.423.000 [5] Esta
disminución porcentual se dio a contramano del crecimiento de la población
docente que acompañó el crecimiento demográfico de la población, así como de la
ampliación del sistema educativo con más niveles obligatorios del sistema
formal (inicial hasta 4 años y media obligatoria hasta 5 años), y de
modalidades (especial, adultos, técnico-profesional, rural, domiciliaria, entre
otras).
Las causas de este debilitamiento de
la afiliación sindical deben rastrearse en el proceso más general de
desafectación de los trabajadores de los sindicatos en las últimas décadas
debido a las políticas que los mismos han desarrollado de mayor convivencia con
los gobiernos de turno e integración a los aparatos de estado. En el caso de
CTERA se sumó el hecho que algunas entidades fundadoras se alejaron (FEB), y
fueron expulsadas otras (6 entidades de provincia de Bs As que no aceptaron
disolverse en SUTEBA en los 80 debido a diferencias de política gremial y de
metodología de funcionamiento).[6]
A partir del ascenso del peronismo
en 1989 la conducción Celeste de CTERA pasó a cogobernar aceptando las leyes
neoliberales impuestas por el gobierno de Menem: La ley 24049/1991 de
Transferencias de escuelas y la ley 24195/1993 Federal de educación. Sus
diputados la votaron en el Congreso. No las denunciaron ni las resistieron.
El rediseño del sistema educativo
nacional mediante la transferencia de escuelas desde 1978 en el nivel primario
durante la dictadura y del nivel medio y terciario en 1991 fue una imposición
del Banco mundial y del FMI, que condujo a la fragmentación del sistema
educativo, a la desigualdad en la inversión por estudiante y al deterioro de
las condiciones laborales y salariales de la docencia. Las diferencias
salariales entre las provincias llegaron a una relación de 1 a 4, según los
recursos de cada una de ellas. El Plan
Brady que lo promovió tenía por objetivo deslindar al estado nacional del
financiamiento de la educación para liberar fondos para el pago de la deuda
externa. [7]
Frente a estos cambios en el estado,
CTERA fue perdiendo el peso como referente en la política nacional que había
tenido en la década del 70 previo a la dictadura militar de 1976 y durante el
gobierno radical post dictadura. Dejó de ser el organizador nacional de la
docencia y pasaron las entidades provinciales a ser quienes negociaban salarios
y condiciones laborales. La lista Celeste no fue una conducción que
contrarrestara este plan con una oposición y resistencia. No unificó los
conflictos provinciales, que se desangraron, algunos durante meses. La desigualdad de inversión por estudiante
cristalizó una clara diferencia en el derecho al acceso la educación del
estudiantado según cada jurisdicción.
La evidencia de este deterioro llevó
a la conducción celeste a intentar algunos paliativos. Reclamó con 1003 días de ayuno en la Carpa
Blanca (1997-1999), mostrada como modelo de acción sin paros, una ley por la
que establecía un impuesto al auto para
recuperar el presupuesto educativo que la transferencia había quitado.
Curiosamente, en lugar de pedir un impuesto a los grandes monopolios o al no
pago de la deuda externa, CTERA propuso que lo fuera a partir de recaudar entre
los propios trabajadores que sufrían entonces un fuerte deterioro salarial. El
impuesto sería repartido a modo de Incentivo docente al desempeño, siguiendo
sugerencias de los organismos internacionales, en una especie de premio a la
productividad y adelanto a las políticas de evaluación externa docente que
empezaría a implementar la gestión Filmus desde el Ministerio de educación.
La crisis salarial y presupuestaria
era tan grande que no pudo implementarse según alguna forma de medición del
desempeño, sino que tuvo que repartirse a toda la docencia como forma de
atender al desastre salarial de la transferencia. Pero, además, la crisis
social de las familias trabajadoras por las políticas neoliberales de Menem,
llevaron a que terminara cayendo el impuesto al auto, y años más tarde el
incentivo se pagara con fondos del presupuesto nacional. Finalmente, Milei lo
anuló en 2024.
CTERA continuó cogobernando con los
gobiernos posteriores. Durante la presidencia de Néstor Kirchner se sancionó
otro paquete de leyes que, sin embargo, no cambiaron la estructura central del
diseño anterior. La conducción celeste de CTERA las apoyó. [8]La ley
26075/2005 de Financiamiento estableció la meta de un presupuesto consolidado
nacional para educación del 6% del PBI para el 2010 al que nunca se llegó. Este
porcentaje no sería responsabilidad del estado nacional, sino que continuaría
siendo mayoritariamente de las provincias. El presupuesto nacional solo
financiaría las universidades, algunos programas y el ya mencionado Incentivo
docente. [9]
Como mecanismo compensatorio a la
desigualdad reinante, CTERA logró que el presidente Kirchner aceptara la
convocatoria a una paritaria nacional que fijaría un piso salarial al que
deberían luego llegar las provincias. La realidad es que ese piso siempre fue
tan bajo que no sacó a la docencia de la pobreza y además, muchas provincias
llegaban a él por negociaciones propias antes de la mencionada paritaria
Otro aspecto muy importante de la
pérdida del perfil de la CTERA fundacional refiere a la cuestión de la
educación. Como mencionamos al inicio, la Declaración de principios de 1973
estableció claramente la defensa de la escuela pública, estatal, y contraria a
la educación privada. Este principio también fue abandonado por la lista
celeste. Las leyes educativas que apoyó tanto la Federal de Menem como la
Nacional de Kirchner inventaron una nueva categoría: las escuelas pasaron todas
a ser públicas, pero de diferentes gestiones: estatales y privadas. Se
estableció el compromiso del estado nacional de subsidiarlas[10]. La
Ley de 26206/2006 impulsada por Kirchner y su ministro de Educación Daniel
Filmus, avanzó aún más: en su artículo 4 referido al sistema educativo agregó
la categoría de escuelas de gestión social y cooperativa, variantes que el
estado también se comprometería a financiar, en un alarmante aumento de la
fragmentación del sistema educativo. [11]La celeste
apoyó ambas leyes.
Pero ahí no termina la pérdida de
principios. La Declaración de principios de 1973 proponía una educación
científica y no dogmática. Esto era una clara referencia a que la religión no
debía ser parte de la currícula escolar, recuperando la tradición impuesta por
la Ley 1420/1884. El proyecto de ley inicial propuesto a debate en las escuelas
por Kirchner-Filmus incluía en el artículo 11 sobre los fines de la educación
“la dimensión religiosa como parte del desarrollo de las personas”. El debate
abierto en las escuelas cuestionó este punto, a pesar del silencio de CTERA. La
redacción final fue una operación de consenso con el Consejo Superior de
Educación Católica (Consudec) que admitió su reemplazo por la ambigua
denominación de “educación integral” que abría a su interpretación posterior.
El resultado fue recogido por algunas leyes provinciales y por la Constitución
de la provincia de Salta que incluyeron la enseñanza de religión católica en
las escuelas estatales. Un siglo y medio después, Estrada pretendía vencer a
Sarmiento de la mano de Filmus y la Celeste de CTERA. Pero la lucha de familias
de escuelas públicas de Salta logró que la Corte Suprema de Justicia emitiera
un fallo que la prohibió. La enseñanza de religión en la escuela pública sigue
sin estar permitida.[12]
Junto a estos cambios avanzó la
instalación de contratos de docentes con el crecimiento de cargos docentes que
no se concursaban y cuyos docentes, precarizados, entraban por acuerdos con
autoridades internas a las escuelas o gubernamentales. La lista celeste nacional y la mayoría de las
conducciones provinciales, tampoco los combatieron, incluso los aprovecharon
para crear poder clientelar entre los ingresantes. Esto abrió la puerta a un
creciente número de docentes que están por fuera del Estatuto Docente y a que
se naturalice el debilitamiento del régimen de concurso, aunque a la fecha no
hayan logrado derrotarlo.
El gobierno de Milei y la ultra
derecha en la actualidad están desarrollando una política aún más agresiva de
destrucción de la escuela y de la educación pública. No solo atacan por medio
del ajuste del presupuesto, de los salarios, de la inversión en infraestructura,
y continúan la intención de liquidar el estatuto del docente. Han aumentado la
privatización del sistema con la instalación de los vouchers que se suman a los
existentes subsidios a la oferta de las escuelas privadas. Ahora también el estado subsidia la demanda
de las familias para favorecer la migración a la escuela privada.[13]
Esperamos la voz condenatoria de CTERA.
Pero, además, Milei ha desatado una
furiosa campaña contra el pensamiento crítico y la currícula escolar que
defienda derechos sociales, de género, ambientales, entre otros. Pretende sumar
la escuela a la batalla cultural de la ultraderecha a nivel mundial atacando a
la docencia con denuncias y alentando delaciones por parte de las familias.[14]
Escandalizada, la conducción de CTERA ha realizado algunas declaraciones. Pero
la ofensiva es brutal. No alcanza. Hay que preparar la defensa de la escuela y
la educación pública en unidad con familias y estudiantes. Está en juego la
subjetividad de las generaciones futuras, para que no caigan en el
individualismo, el racismo, la falta de conciencia social.
Cuando azorados miramos lo que
ocurre en Gaza donde jóvenes matan a miles y hambrean sin remordimiento a dos
millones de personas sepamos que su racismo, su supremacismo, su
desconocimiento de la humanidad del otro se gestó décadas antes, centralmente
en las escuelas donde el estado sionista moldeó la juventud que hoy comete
genocidio.[15]. No
hay tiempo que perder. Junto a los sindicatos multicolores y combativos
convoquemos a un gran Congreso de educación que recupere los principios
fundacionales de CTERA y más. Recuperémosla para una educación por una sociedad
emancipada de toda forma de explotación y opresión, para las generaciones
presentes y futuras.
Bs As, 21 de julio
Este trabajo fue presentado en el Seminario de la Red ASPE realizada en Ciudad de Buenos Aires, octubre de 2025
Licenciada en Ciencias de la
educación
Docente de nivel primario y superior
(jubilada)
Ex Vicepresidente de UMP-CTERA. Ex
Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys
Ex Legisladora de CABA por Izquierda
Socialista en el FITU
[1] https://rebelion.org/download/memorias-de-las-luchas-por-la-educacionlaura-marrone/?wpdmdl=754609&refresh=641593049c3b71679135492 Buenos Aires, CEHUS, 2022. Pág.131
[2] Idem, pág.133
[3] Idem, pág 138
[4] https://lauramarrone.ar/1988-maestrazo-contexto-nacional/ y https://lauramarrone.ar/1988-huelga-docente-cronica-del-maestrazo/
[5] Las cifras de 1973 son tomadas
de actas del Congreso de CTERA de Huerta Grande y del Ministerio de Educación.
Las de 2024 corresponden a Argentinos por la Educación y al Ministerio de
Educación.
[7] Curiosamente en su reciente
defensa del proyecto “Imaginar y transformar” para educación de su corriente,
presentado el22 de marzo en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA,
Cristina Kirchner reconoció que estas transferencias y rediseño del estado nacional
obedecieron a un plan de los organismos internacionales para pagar la deuda en
detrimento del derecho a la educación, a la salud, entre otros. Lo que olvidó
decir es que su gobierno y el de su esposo lo aprobaron. No hubo autocrítica. https://lauramarrone.ar/acerca-de-la-educacion-cristina-sin-tapujos/
[8] https://lauramarrone.ar/analisis-comparativo-la-ley-federal-educacion-24-195-la-ley-educacion-nacional-26-206/
[11] https://lauramarrone.ar/proyecto-ley-educacion-nacional-5-claves-debate/ https://lauramarrone.ar/debate-las-escuelas-gestion-social-bachilleratos-populares-defensa-lo-publico/
[12] https://www.ciscsa.org.ar/post/2018/02/01/en-argentina-no-habr%C3%A1-educaci%C3%B3n-religiosa-en-escuelas-p%C3%BAblicas
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